Maestra de la soledad
Espiga en el aire
Sigue porque el sol
Brilla sobre su piel
Y el viento la lleva lejos
Impetuosa longeva vida
A merced de la locura de aquella fuerza
Compra su voluntad para un destino divino,
Eco de la voz que llama a algo mejor.
Agudo sonido de estampida que arranca
El silencio mortal del vacio.
Lo que esconde la lejanía de lo desconocido.
Lo que promete el grito que estremece.
Lo que aviva el miedo que desafía al corazón.
Sin poder para detenerse.
Sin valor para no dejarse llevar.
Sin las ataduras de lo que no sorprende.
Sirviente de un mago sin límites
Esclava de sus propios deseos
Sombra de la grandiosa libertad
Maestra de la soledad.
Roma Saudita
jueves, 17 de mayo de 2007
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