
Los sinestésicos tienen algunos de sus sentidos cruzados y pueden, por ejemplo, oír imágenes, saborear literalmente las palabras, ver los números en color…
Antes considerados fantasiosos, exdrogadictos o muy imaginativos, a estas personas no se les tomaba en serio, pero desde hace unos años se viene estudiando seriamente esta condición que quizás nos de pistas sobre el origen de las más importantes capacidades mentales en todos nosotros.
Los resultados muestran que muchos de nosotros preferimos imágenes y sonidos combinados en lugar de cada una por su lado, pero no lo percibimos con la misma intensidad que un sinestésico.
Las sinestesias de Kandinsky poseían gran sensorialidad, presentándose tanto a nivel visual, como acústico y táctil. A sus más ambiciosas obras las llamó Composiciones, lo que probablemente conlleva una metáfora musical. A través de ellas intentó ejercer sobre el espectador un impacto como el que podría sentir con la música.
Antes considerados fantasiosos, exdrogadictos o muy imaginativos, a estas personas no se les tomaba en serio, pero desde hace unos años se viene estudiando seriamente esta condición que quizás nos de pistas sobre el origen de las más importantes capacidades mentales en todos nosotros.
Los resultados muestran que muchos de nosotros preferimos imágenes y sonidos combinados en lugar de cada una por su lado, pero no lo percibimos con la misma intensidad que un sinestésico.
Las sinestesias de Kandinsky poseían gran sensorialidad, presentándose tanto a nivel visual, como acústico y táctil. A sus más ambiciosas obras las llamó Composiciones, lo que probablemente conlleva una metáfora musical. A través de ellas intentó ejercer sobre el espectador un impacto como el que podría sentir con la música.
“Los violines, los contrabajos, y muy especialmente los instrumentos de viento personificaban entonces para mí toda la fuerza de las horas del crepúsculo. Mentalmente veía todos mis colores, los tenía ante mis ojos”, dijo Kandinsky después de una representación de Wagner titulada Lohengrin en Moscú.
Años después, en un estudio realizado en el 2006, un sinestésico describía la composición VIII de Kandinsky de la siguiente manera: "El revoltijo de masas de líneas producían varios tonos que cambiaba según mis ojos viajaban sobre la pintura. Cuando miraba al poderoso círculo multicolor arriba a la izquierda oía un tono puro que podía ser demasiado intenso y, para aliviar mi mente de este viaje, volvía a la cacofonía de las líneas enredadas y a las sombras. Esta pintura por tanto tenía un buen equilibrio de contraste de sonidos (tonos puros y cacofonías) que era delicioso de ver. Cuanto más miré la pintura más aprecié la imagen como música"
Además de ser un interesante relación entre la ciencia y el arte, cada vez mas estrechamente hermanadas, también es una manera de mostrar como los visionarios han tenido que soportar la ignorancia de la época, pero también han sabido defenderlo y expresarlo para el futuro.
Hoy se puede incursionar en temas "controvertidos" del pasado y desentrañar el potencial humano. En este caso el cerebro y la percepción de la mente.

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